Ramsés II

El Rey Sol y el Eterno Romance de Egipto
Egipto no se entiende sin Ramsés II. Si caminas por las arenas de Lúxor, si navegas por el Nilo hacia el sur hasta Abu Simbel, o si visitas las salas del Museo de la Civilización en El Cairo, su nombre te perseguirá. No fue solo un faraón; fue un fenómeno, una fuerza de la naturaleza que gobernó durante 66 años, desafió a la muerte y dejó un legado de piedra que parece diseñado para la eternidad.
Pero detrás del guerrero, del constructor y del dios viviente, late la historia de un hombre. Un hombre que, entre cientos de esposas y concubinas, entregó su corazón a una sola mujer: Nefertari.

El Ascenso del León: ¿Quién fue Ramsés el Grande?
Ramsés II, el tercer faraón de la XIX Dinastía, ascendió al trono en su juventud. No era un heredero pasivo; era un atleta, un estratega y un maestro de la propaganda. Su reinado (aprox. 1279-1213 a.C.) coincidió con el apogeo del poder egipcio.
A diferencia de otros reyes que se ocultaban en sus palacios, Ramsés quería ser visto. Su rostro, con esa nariz aguileña y mandíbula firme que aún hoy impresiona en su momia, fue reproducido en estatuas colosales por todo el reino. Para el pueblo egipcio, Ramsés no era un representante de Dios; él era un Dios.
Pi-Ramsés: La Ciudad de los Sueños
¿Dónde vivía un hombre que se consideraba el centro del universo? Ramsés no se conformó con las capitales tradicionales como Tebas o Menfis. Él construyó su propia metrópolis: Pi-Ramsés (La Casa de Ramsés), ubicada en el Delta del Nilo.
Las crónicas de la época describen Pi-Ramsés como un lugar de belleza insoportable:
- Canales de agua cristalina que conectaban con el Nilo.
- Jardines exuberantes llenos de flores exóticas y árboles frutales.
- Lujosos palacios con suelos de azulejos turquesa y techos de oro.
Vivir en Pi-Ramsés era vivir en el futuro del mundo antiguo. Era una ciudad cosmopolita donde se escuchaban lenguas de todo el Mediterráneo y donde el lujo llegaba en barcos cargados de especias, incienso y metales preciosos. Desde aquí, el faraón dirigía sus ejércitos hacia el norte para enfrentarse a los hititas en la legendaria Batalla de Qadesh.

Nefertari: “Por quien brilla el sol”
A pesar de tener un harén inmenso, Ramsés II dejó claro quién era la dueña de su alma. Nefertari Meritmut no era simplemente una reina consorte; era su compañera, su consejera y su amor más profundo.
El nombre de Nefertari significa “La más bella de todas”, y Ramsés se aseguró de que el mundo lo supiera. En una cultura donde las esposas de los faraones solían ser representadas a una escala mucho menor que sus maridos (apenas llegándoles a la rodilla en las estatuas), Ramsés rompió las reglas:
- Igualdad en la piedra: En el templo pequeño de Abu Simbel, las estatuas de Nefertari tienen el mismo tamaño que las de Ramsés. Es una declaración de amor política y romántica sin precedentes.
- Poesía en las paredes: Ramsés le dedicó versos que hoy siguen conmoviendo: “Ella es la mujer por quien brilla el sol”.
Nefertari era una mujer culta. Sabemos por las tablillas encontradas que mantenía correspondencia diplomática con la reina de los Hititas para consolidar la paz. No era solo una cara bonita en la corte; era el pilar diplomático del imperio.

El Valle de las Reinas: La tumba más bella del mundo
Cuando Nefertari murió (probablemente alrededor del año 25 del reinado de Ramsés), el faraón quedó devastado. Para ella, ordenó construir la tumba QV66 en el Valle de las Reinas.
Si visitas Egipto hoy, este es un lugar sagrado. Es considerada la “Capilla Sixtina del Antiguo Egipto”. Los colores —azules de lapislázuli, amarillos ocres y rojos vibrantes— parecen haber sido pintados ayer mismo. En sus paredes, vemos a una Nefertari elegante, vestida con lino blanco casi transparente, jugando al Senet (el ajedrez egipcio) o siendo conducida de la mano por los dioses hacia el más allá. Cada pincelada en esa tumba fue un grito de dolor y admiración de un esposo que se negaba a olvidar.

Abu Simbel: El milagro de la arquitectura
Para los turistas que buscan la esencia de Ramsés II, el destino final es Abu Simbel. Al sur, cerca de la frontera con Sudán, se alzan dos templos excavados directamente en la roca de la montaña.
- El Templo Mayor: Custodiado por cuatro estatuas sedentes de Ramsés de 20 metros de altura. Dos veces al año (el 22 de febrero y el 22 de octubre), el sol penetra por la puerta principal y recorre 60 metros hasta iluminar el rostro de la estatua del faraón en el santuario profundo. Es un prodigio de la astronomía y la ingeniería.
- El Templo de Nefertari: Situado a pocos metros, dedicado a la diosa Hathor y a su amada reina. Es el testimonio definitivo de que, para Ramsés, el poder no valía nada sin el amor.
Ramsés II y el Turismo Moderno: ¿Por qué visitarlo?
Viajar a Egipto para seguir los pasos de Ramsés II es entender la ambición humana. Ver sus colosos en el Ramesseum (su templo funerario en Tebas) o admirar su estatua gigante de granito en el Gran Museo Egipcio es enfrentarse a la escala de un gigante.
Para el turista de habla hispana, la historia de Ramsés II resuena especialmente. Nuestra cultura valora la pasión, el romance y la familia, elementos que definieron la vida de este faraón. Ramsés no solo tuvo un amor eterno; tuvo más de 100 hijos, asegurando que su sangre fluyera por las venas de Egipto durante siglos.
Consejos para el viajero “Ramsés-adicto”
Si quieres vivir la experiencia completa de este faraón, no te pierdas:
- Lúxor: El Templo de Lúxor de noche, donde las estatuas de Ramsés parecen cobrar vida bajo las luces.
- Abu Simbel: Toma el vuelo temprano desde Asuán. Ver el amanecer frente a sus templos es una experiencia religiosa.
- Museo de la Civilización (NMEC): Allí descansa su momia. Ver sus manos, que una vez sostuvieron el cetro de Egipto y acariciaron a Nefertari, te pondrá la piel de gallina.
Conclusión
Ramsés II vivió más que casi cualquier persona de su tiempo. Vio morir a muchos de sus hijos y, trágicamente, a su amada Nefertari. Sin embargo, logró lo que todo faraón ansiaba: La Inmortalidad.
Mientras existan personas que lean su nombre, mientras los turistas se maravillen ante sus templos y mientras las parejas se miren a los ojos en Abu Simbel recordando su historia de amor, Ramsés y Nefertari seguirán vivos. Él fue el Rey de Reyes, pero ella fue la luz que iluminó su imperio.
Egipto te espera para contarte esta historia en persona. ¿Estás listo para caminar entre gigantes?